ABORTAR EN BARCELONA ABORTAR EN BARCELONA  7.2.08

El magnate del aborto abrió su primera clínica en 1989, en Alicante. Su expansión fue imparable: ahora tenía en funcionamiento cuatro, con ingresos que superarían los 12 millones.
Morín, detenido por
interrumpir embarazos avanzados, tenía más negocios y pasión por el lujo.Su caída se
produce tras la estancia de la vicepresidenta en Roma.
BARCELONA (EL MUNDO, 02/12/2007, Suplemento CRÓNICA). El entra y sale en un Ferrari.
Ella, en un Maserati. Son pareja y hacen vida en las alturas. En Sant Cugat, tocando el cielo de
Barcelona, cerca de un reverdecido campo de golf. Entre vecinos ilustres. Y a un tiro de piedra
de la residencia de Joan Laporta, presidente del Barça. Nada que envidiarle. El chalé del
timonel culé luce poco comparado con las entrañas de la moderna mansión -el caserón, lo
llaman en la calle Villa de la exclusiva urbanización- que ocupaban Carlos Morín y Luisa.
Amplios jardines, jacuzzi, piscina, discoteca, un roble en el vestíbulo, un garaje repleto de
bólidos de marca... El nido del ginecólogo y su paciente. Los dos se conocieron en la consulta y
se enamoraron. Un flechazo, dicen antiguas amistades. Luisa, divorciada y madre de dos hijos,
enseguida pasó de ser clienta a enfermera.
El pasado lunes, cuando la Guardia Civil esposaba a Carlos Morín, el magnate de los abortos,
camino del calabozo, ella también caía. Luisa Durán Salmerón no sólo es su sustento
sentimental. También su mano derecha. La que mueve los hilos, cara al público, de sus cuatro
clínicas barcelonesas (tiene una filial en Madrid, CB Medical) en el lucrativo negocio de los
abortos. «Esta vez, sí, le han fallado los poderosos», se congratula alguien que trabajó para el
doctor. El ahora acusado de interrumpir embarazos en avanzado estado de gestación. A veces,
eran fetos de 30 y 35 semanas, poco menos de las 40 normales de un parto. Una «rotunda
ilegalidad», a juicio de la Fiscalía de Barcelona. Y un escándalo.
El abortero Carlos Morín
Casi tres décadas de vida catalana han convertido al peruano Morín en un auténtico potentado.
Miles de mujeres han pasado por sus manos. O por sus clínicas desde que, en 1989, abriera la
primera. Fue en Alicante. Pero es Barcelona su ciudad talismán. Allí ha alcanzado poder y
riqueza. Y ahora acaba de caer, como nunca creyó que ocurriría, al más pestilente de los
fangos: fetos casi en edad de neonatos triturados, documentos falsificados para engañar a la
Ley del Aborto, ecografías de pega...
Sólo en 2005, su buque insignia, la clínica Ginemedex (las otras tres son Barnamedic, TCB y
Emecé), facturó 1,5 millones de euros, aunque fuentes del sector sanitario multiplican por tres
la cifra declarada. Hasta tiene una fundación que lleva su apellido, aquél con el que nació, hace
58 años, en la colonial ciudad de Trujillo, uno de los primeros enclaves levantados por los
españoles en aquellos lejanos tiempos de la conquista.
Para él, su nuevo mundo fue éste. No aquél que abandonó, camino de Amsterdam y con el
título de médico sellado en Lima, con hambre de hacerse un lugar en la tierra prometida al otro
lado del Atlántico. Entre holandeses dio sus primeros pasos. Fue su viaje iniciático al mundo
del aborto.
Lunes pasado. 9.30 de la mañana. El dueño del mayor emporio de clínicas abortivas de
España se vale de una bata blanca para ocultar las esposas que acababa de endosarle la
Guardia Civil. Un coche sin identificar de la policía judicial lo espera en el número 61 de la calle
Dalmases, donde minutos más tarde Morín sería detenido en su despacho. El escándalo,
barruntado desde tiempo atrás, se hacía verdad. Los aplausos, supo después Crónica, llegaron
hasta el mismísimo Vaticano. Nunca imaginó Carlos Guillermo Morín Gamarra, hombre, dicen,
de influyentes amistades (políticos, jueces, bufetes de postín...), que terminaría tropezando con
Roma.
Desde allí llegan los ecos, con nombre y apellidos propios, de quienes le han quitado la
máscara y lo han enfrentado -parece ya que sin remisión- al veredicto de la Justicia. Con José
María Simón Castellví, oftalmólogo y hoy asesor del Vaticano para temas médicos, en el papel
de Torquemada. Con él, cuando era presidente de Médicos Cristianos de Cataluña, empezó el
calvario de Morín. Denuncia tras denuncia. Y nuevas denuncias. Palabras perdidas casi
siempre. Silencio de la Consejería de Sanidad. Silencio del Colegio de Médicos de Cataluña.
Silencio de la Audiencia Provincial...
Hasta que Castellví, de 44 años, casado y con tres hijos, llegó a Roma, hace poco más de un
año. Allí empezó la verdadera cuenta atrás del abortista. A oídos de Francisco Vázquez, ex
alcalde de A Coruña y hoy embajador de España en la Santa Sede, llegaron de primera mano
las prácticas médicas del controvertido galeno. Castellví -quien por su cargo mantiene hilo
directo con el propio secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone- hizo valer
su privilegiada posición en el corazón de la cristiandad. El número dos de la Curia habría dado
el empujón definitivo. Al abortista Morín le quedaban horas de libertad.
El pasado 26 de noviembre, dos días después de que la vicepresidenta, María Teresa
Fernández de la Vega, acudiera a Roma para asistir al nombramiento de los nuevos
cardenales españoles y, de paso, limar asperezas entre la Iglesia y el Gobierno de Zapatero,
Carlos Morín entraba esposado en el calabozo del Juzgado de Instrucción número 33 de
Barcelona.
No daba abasto
El olor a cárcel no le es ajeno. Por ella pasó en 1989 cuando intentaba abrirse paso en el
prometedor negocio de las interrupciones de embarazo en Alicante. Hasta allí se desplazaba
los fines de semana para practicar abortos en la clínica Ginetec, de su propiedad. «Venía en
avión, se metía en el quirófano y prácticamente no salía de él hasta el sábado por la noche. No
daba abasto. Al día siguiente cogía de nuevo otro avión y se iba directo a Barcelona», recuerda
un médico de la capital levantina. En noviembre de ese año, Morín y su fiel escudero, el
también ginecólogo Tomás Parra Parra -vocal de la sección de Tocoginecólogos del Colegio de
Médicos de la capital condal- fueron acusados de una presunta práctica de abortos ilegales y
llevados a prisión. Los dos salieron absueltos sin cargos. Ginetec, de la que Morín era
administrador único, tenía características similares a las de las clínicas registradas estos días
en Barcelona por orden judicial.
De su fortuna dice mucho la mansión que posee en Sant Cugat, valorada, según agentes
inmobiliarios, en 4,2 millones de euros (700 millones de las antiguas pesetas), los coches de
lujo y la caja que hace anualmente en sus cuatro centros médicos de Cataluña. Ninguno baja
del millón de euros de facturación, según declara. «Falso, ingresa mucho más. El triple, 12
millones como mínimo», desvela quien fue una de las personas de confianza del ginecólogo.
«Lo que pasa es que cobra en negro a la mayoría de sus pacientes. Es norma de la casa».
Las tarifas van de los 3.000 a los 6.000 euros, dependiendo del tiempo de gestación y de la
complicación del aborto. A partir del quinto mes de embarazo, la minuta del galeno suma 1.000
euros más por mes. «Las pacientes son captadas a través de una red de comerciales que
Morín tiene repartidos por Europa», describe la misma fuente. Y dice más: «Las embarazadas
llegan a Barcelona con todo incluido: aborto, hotel y comidas. Morín es muy hábil como
empresario. Sabe perfectamente que lo que menos desea la gente que recurre a él es tener
problemas de alojamiento. Vienen con muchos nervios. Y él les facilita las cosas. Gana más
dinero y todos contentos».
En una de las reservas realizada por una suiza de 33 años, de cuya tramitación tiene
constancia Crónica, se especifica claramente el día de la semana, la hora de ingreso en la
clínica y los dos hoteles (Bonanova Park y Villana) donde la joven y sus acompañantes se
alojarán antes y después de que la paciente aborte. Precio: 3.500 euros, a pagar en efectivo.
Fachada de la Clínica Ginemedex (El Mundo)
Lo que ahora se pregunta la Guardia Civil es por el destino final de los fetos. Sospecha que los
restos iban a parar a un desagüe de dos clínicas (Ginemedex y TCB). Lo dirá el análisis de
ADN del material biológico encontrado en las tuberías. Nada extraño, por otra parte. Una de las
herramientas que habitualmente se emplean en los abortos es la llamada trituradora, que
rompe el feto en mil pedazos diminutos. Y Morín la tenía. Lo confirma una hoja de pedido, a la
que ha tenido acceso este suplemento. La orden, fechada el 8 de julio de 2005, dice
textualmente: «Estimados Sres.; siguiendo nuestra conversación telefónica, sirva la presente
como confirmación de pedido de dos juntas de triturador, que serán pagadas contra reembolso
a su entrega, en la dirección que pasamos a facilitar: Clínica TCB, calle Dalmases, 34.
Barcelona».
También ladrillos
Carlos Guillermo Morín, hombre afable y caritativo, a decir de muchos, podría haber llegado a
más: a ejercer la cirugía portando el VIH. Según Epoca, fue diagnosticado de SIDA hace dos
años, e incluso estuvo ingresado dos meses en el hospital San Pau de Barcelona. Se habría
infectado el mismo año, 2005, que lo condecoraban como doctor modelo en su ciudad natal.
Allí lo adoran por haber financiado un centro de salud, pasar consulta gratis a las mujeres y
ayudar a sus paisanas inmigrantes a integrarse en España mediante cursos de formación
profesional pagados por su fundación.
Pero detrás de tanto altruismo hay otros negocios ajenos al de los abortos (ilegales): las
promotoras inmobiliarias. Una breve búsqueda en los listados del Registro Mercantil pone al
descubierto un entramado de empresas (Victorvi, S. L, Barinvest, S. L, Villacarlota, S. L, y
Global Kooning Business, también sociedad limitada) en las que el nombre de Carlos Morín
Gamarra figura, directa o indirectamente, en domicilios sociales de Barcelona, Madrid y
Alicante. A veces, como administrador único. En otras, es su mujer, Luisa Durán, la que ejerce
de apoderada.
El otoño pinta negro para el patriarca. Así llaman algunos al hombre que, allá por los años 70,
se vino a España con lo puesto. Al triunfador (dicen que tiene unas manos de oro para la
cirugía). Al amante de las fiestas y la buena mesa (le pirra la comida francesa y mediterránea).
Al coleccionista de pintura... Y de amistades. Así llaman, patriarca, a quien se atrevió a ofrecer
50 abortos, de los difíciles, en directo. Pocos fueron los que se enteraron.
Morín, un referente en la materia dentro y fuera de España, se trajo a Barcelona a la flor y nata
del sector abortero mundial: 230 expertos, a los que invitó a participar en lo que él bautizó
como Primer Simposio Internacional Multicultural de Salud Reproductiva. La reunión, celebrada
en el Hotel Meliá en octubre de 2003, incluía en una sorpresa: además de las consabidas
charlas, se ofrecía a los invitados la posibilidad de realizar en vivo medio centenar de abortos
voluntarios. Por supuesto, en los quirófanos de sus clínicas. Un éxito. Según consta en una
denuncia al Colegio de Médicos de Barcelona, firmada por el presidente de la asociación ECristians,
Josep Miró y Ardèvol, «los abortos se practicaron el viernes 17 de octubre entre las
cinco y las siete de la tarde». Entre las embarazadas, 15 mujeres con fetos de tres a seis
meses en sus vientres, y cinco más a punto de cumplir el sexto mes de gestación. Las demás
no pasaban de los tres. Una vez más, el silencio fue la respuesta.
Son las 11 de la mañana [de este jueves] y en Ginemedex, de donde se llevaron detenido al
doctor peruano, nadie contesta al teléfono. Hay que armarse de paciencia y marcar varias
veces. Pasados 20 minutos, una voz femenina atiende la llamada. El periodista se identifica y
pide hablar con algún responsable de la clínica de Morín.
-Lo siento, señor, en este momento no hay nadie disponible.
-¿Podría, al menos, decirme el nombre de la persona que está al frente del centro?
-Ummmmm [la telefonista se aparta del auricular y pregunta a alguien sin querer dejarse oír].
-Disculpe otra vez, nadie sabe dónde se encuentra la persona que usted busca. Lo siento. Me
están llamando por otra línea...
Nadie sabe. Nadie oye. Nadie recuerda. Ni siquiera los relaciones públicas que recibían a las
clientas y les recomendaban cómo tratar a Morín -si de «usted», si de «doctor», si de «tú»-
dicen palabra.
Tampoco en el hospital Belén de Trujillo, donde la fundación de Morín capta médicos para sus
clínicas en España. Se los trae, en teoría, para que aprendan. Otros dicen que ejercen como
ginecólogos sin título. Crónica les ha preguntado. Todos callan. El primero, el jefe de
Ginecología, Segundo García Angulo, íntimo de Morín. Saben que el ilustre nativo está en
prisión incondicional. Y su pareja, Luisa Durán, y Virtudes S. V, una de sus empleadas. Los tres
han sido acusados de diversos delitos de aborto, asociación ilícita, intrusismo y falsedad
documental. Otros tres detenidos (Dimas A. C., Pedro Juan L. A. y Marcial R.) podrán salir de la
cárcel pagando una fianza de entre 2.000 y 4.000 euros.
El desenlace que ha tapado, si cabe aún más, las bocas de quienes estos años han estado
cerca. Y no siempre por temor al todopoderoso jefe. «Hay gente que le protege y que puede
hundir a cualquiera», sostiene un ex trabajador del rey del aborto. «Llegado el momento, Morín
tirará de esas personas para salir cuanto antes de la cárcel o librarse de una condena mayor.
Nadie aguanta tantos años seguidos impune. Y menos si no tiene cobertura política y judicial».
Fachada de la Clínica Emecé de Barcelona (EFE)
«¿Cuánto cuesta?» «4.000 euros»
El 29 de octubre de 2006, los telespectadores daneses pudieron ver, en la televisión pública,
las imágenes que ilustraban este diálogo. Una reportera embarazada intenta pedir una cita al
doctor Morín para abortar fuera de los límites legales.
-¿Hola, es usted médico?
-Sí, soy médico.
-Llamo para hacerme un aborto.
-¿De qué país llama?
-De Dinamarca.
-[...]
-Por lo que me has contado, podemos ayudarte. Son 30 semanas, ¿no?
-Sí, 30 semanas. ¿Es eso un problema?
-No, pero te necesitamos aquí cuanto antes.
[Entrevista en el despacho de Morín]
-¿No es un problema que sea tan tarde?
-Treinta y una semanas.
- ¿No es esto un problema?
-Hay que tener más cuidado, pero no lo es.
-Entonces, ¿es absolutamente seguro?
-¿Para ti? Te lo prometo.
-¿Cómo se hace?
-Es como un parto, pero inducido. No natural, sino artificial.
-¿Y es seguro que cuando el bebé nace está muerto?
-Sí. Al 300%.
- ¿Qué es lo que se le da?
-Digoxina. Es lo que se usa para un ataque al corazón, pero en sobredosis.
[Más tarde]
-¿Test psicológico?
-Sí.
-¿Por qué?
-La única forma es demostrar que tú estás o puedes estar con ansiedad o depresión... Porque
la ley dice que si tienes un aborto es porque tienes un problema psicológico tan grande que
entonces te podemos ayudar.
-O sea, que dices que tengo esto...
-Sí, es burocracia.
-[...]
-La ley en este país dice que para abortar has de estar bajo un problema psicológico grave. La
forma de demostrarlo es con el test. ¿Seguro que quieres hacerlo?
- Sí.
- ¿Tienes el dinero?, pregunta una secretaria.
-Sí, pero no aquí, está en el hotel. ¿Cuánto cuesta?
-Cuatro mil euros.
-[...]
-¿Y qué pasa con la moral?, pregunta ella.
-Es cosa mía... usted tiene su moral; yo, la mía.
-¿Pero usted tiene moral?
-Eso lo debe decidir usted. Yo ya sé lo que tengo.
-[...]
-O sea, que no puede entender que la gente critique lo que hace?
-[...] Soy un doctor. Hablo varias lenguas. Soy mayor que usted. Mis creencias son diferentes.
-Algunos de los abortos que usted hace son de fetos que podrían vivir fuera del útero...
-Yo no soy filósofo, no estoy aquí para preguntarme si un feto respiraría o no.
-Pero algo de moral...
-Coja su moral y quédesela.
Fuente: www.elmundo.es

 

Noticias Antiguas